Un poco de historia.

   Los primeros vestigios de la raza se remontan al año 1850 a de C. Aunque es 
pronto para hablar de raza, las características morfológicas que aparecen en una vasija de barro cocido de origen asirio, que procede de Nínive, corresponden ya a lo que es actualmente un perro del aspecto general del San Bernardo. En el British Museum se 
encuentran otros bajorrelieves de origen asirio que representan grandes perros, pero se trata de molosos de tipo ligero. Sólo la fotografía que vemos a continuación y a la que anteriormente hemos hecho referencia ofrece la primera y verdadera imagen del 
mastín pesado. Se trata pues del descendiente de una de las razas más antiguas que 
existen, el mastín del Tíbet. Dentro de este vasijamastín se da una 
dualidad entre mastín ligero y mastín pesado, definido este 
último por Aristóteles, tutor de Alejandro Magno, como 
"defensor de extraordinario vigor" y por Marco Polo como 
"alto como un burro y potente como un león en los rasgos y en la voz".
      Los fenicios, grandes navegantes, contribuyeron a su 
difusión (junto con la de otras razas) en los países 
mediterráneos.
    Asimismo, Serse, rey de Persia (470 a de C) introdujo los 
molosos asirios en Grecia. Seguidamente fueron llevados al área mediterránea por Pirro, rey de Egipto.perro-combate-roma
     En la época romana, los grandes perros asiáticos 
eran muy apreciados sobre todo en las batallas.
Cuando el ejército romano  ocupó todos los valles 
suizos hasta el Reno (12 a de C.), Augusto hizo construir la vía de conjunción entre Aosta y Martigny, que atravesaba los Alpes Peninos a 2.472 m de altura exactamente en el mismo lugar (posteriormente llamado Paso del Gran San Bernardo) donde en el año 218 a de C. Aníbal había pasado con sus elefantes para bajar por la península italiana.
      Los romanos erigieron cerca del actual paso un templo dedicado a Júpiter. Cerca 
del templo construyeron refugios para los legionarios destinados13860 a custodiar el paso y para sus formidables ayudantes caninos.
      En el Medievo fueron adoptados por familias feudales y por órdenes religiosas para custodiar castillos y monasterios en los valles.
      A causa del casi absoluto aislamiento de los territorios alpinos, no es extraño que estos perros se hayan conservado tipológica y genéticamente intactos durante siglos, llegando hasta nuestros días primero como mastines alpinos y después como perros de San Bernardo.
      Aunque en sentido práctico, su nacimiento como raza diferenciada y con unas características casi idénticas a las actuales lo tenemos a principio del siglo XVIII, podemos considerarle como tal cuando, alrededor del año 962, Bernardo de Menthon fundó el refugio que lleva el nombre de San Bernardo recordando su labor. Lo que en dicho refugio acontecía podemos leerlo (entre otros) en un librito del siglo XIX:

     "…Su patria es el Hospicio de San Bernardo, situado en el desfiladero de una montaña sumamente triste. Allí reina el invierno por espacio de ocho meses consecutivos y, aún en medio del estío, se hiela el agua todas las noches. Sólo en verano caen grandes copos de nieve; en invierno no se ven sino cristales de hielo finos y ligeros, tan menudos que, arrastrados por el viento, penetran por las más estrechas rendijas de puertas y ventanas.
     Cuando estalla la tormenta o muge el viento, cuando la nieve cubre las hendiduras o los barrancos, ofrécese a la vista del viajero, que no conoce el país, caminos tan peligrosos como escarpados. Diríase que hay allí algún genio destructor que reclama todos los años cierto número de víctimas, cual otra diosa de la antigüedad. Algunas veces es arrastrado el peregrino por el terrible alud; otras cae en el fondo de un barranco, y hay ocasiones en que, envuelto por la niebla, no encuentra su camino y muere de hambre y fatiga en un lugar solitario. Algunos quedan sumidos en un profundo sueño del cual no vuelven a despertar, pues todos cuantos viajan por aquellas alturas experimentan una necesidad irresistible de dormir. El frío, la fatiga, la soledad y la monotonía del paisaje entorpecen la actividad del cerebro. El infeliz viajero sucumbe entonces en medio de un dulce y apacible sueño. Sin la actividad cristiana y la generosa abnegación de los monjes de San Bernardo aquel paso no sería practicable. Los grandes edificios de piedra, donde no se apaga nunca el fuego hospitalario, albergan a los perros co5_28_bernardnsagrados a la seguridad y al auxilio del viajero. 
     Cada día visitan los pasos más peligrosos de los senderos algunos religiosos con sus perros, provistos de palas, pértigas, camillas, sondas y diversas bebidas tonificantes. Los expedicionarios siguen toda huella sospechosa, las campanillas suenan constantemente y se observan con mucha atención los perros, adiestrados ya para reconocer la pista del hombre.
      El instinto de estos animales les impulsa, además, a emprender correrías aisladas, muy largas a veces, por la orilla de todos los barrancos y los abismos de la montaña; si encuentran a un hombre helado, vuelven al claustro corriendo con extraordinaria rapidez, ladran fuertemente y conducen a los monjes hasta el infeliz viajero. Si encuentran al paso alguna gran masa de nieve, la olfatean mucho tiempo para asegurarse que no oculta ninguna persona, y, si observan alguna huella humana, escarban con sus vigorosas uñas y robustas patas hasta descubil_340x270.558019902_3ikerir al peregrino enterrado.
      Es costumbre atarles al cuello, o sobre el lomo, una cestilla con alimentos, un barrilito de vino y mantas de
lana. "

     El número de personas salvadas así, es numeroso 
por cierto, se registra cuidadosamente en los anales del Hospicio.
     He aquí el testimonio de una de las personas salvadas de esta forma:

     "Había salido de St. Remy con un sol pálido en el horizonte, por ello pude llegar a la aduana de buena mañana. 
El camino (en aquel tiempo mucho más estrecho que hoy) se podía pasar a pie a pesar de que había un palmo de nieve. Tenía la intención de llegar al Hospicio hacia el ocaso.  
     Con mi mochila, encapado, caminaba rápidamente. De repente, como sucede en aquel lugar, el cielo se volvió lívido y las cimas se cubrieron de nubes blancas. Poco después empezó a nevar. Más que nieve era finísimo granizo, tan helado que cortaba la respiración. Maldiciendo, intenté caminar más deprisa, pero el estado nervioso creciente frenaba la marcha.
      Caminé durante tres horas, después llegaron las nieblas, dejando en el aire una luminiscencia difusa. Entonces me detuve un poco y mirando a mi alrededor esperé que algo sucediera, que viniera alguien, pero ninguna presencia rompía la glacial desolación de la montaña: el Hospicio aún estaba lejos.  Mientras, el viento del norte había empezado a soplar levantando torbellinos de nieve. Esforzándome, retomé el camino.  De repente, después de una curva del sendero, sentí que me faltaba apoyo y mehundí, caí por un declive. La nieve aplacó mi caída cuando me desplomé en un llano. Permanecí estirado durante mucho tiempo, incapaz de pensar nada. En el momento en que me volví a levantar fatigosamente me di cuenta de que había perdido la orientación y de que la montaña me tenía en su poder. Por instinto, sin darme cuenta, me moví hacia delante, con la nieve en el pecho. Pero respiraba con fatiga porque punzantes cristales de hielo, empujados a una velocidad increíble, ocupaban cualquier pequeño espacio de aire.  Seguí vagando durante algún tiempo pero gradualmente fui vencido por el cansancio. Una ráfaga de viento me hizo caer, me volví a levantar, pero caí de nuevo. Entonces, a gatas, nadando en un mar de nieve, fui hacia delante. Pero ¿a dónde iba? Cuando, poco a poco, me derrumbé exhausto, me di cuenta que la nieve me cubría rápidamente y, solidificándose, me cerraba en un ataúd de hielo.
      img070Con la disminución de las fuerzas, se apoderó de mí un sentimiento de entumecimiento, una necesidad de sueño y de olvido. En fin, mientras la conciencia de la realidad se debilitaba, vinieron las alucinaciones que preceden a la muerte...
      De repente, apareció, como surgida de la nada, una figura diáfana. Con las pocas fuerzas que me quedaban, apartando la cortina de nieve, me pasé una mano por los ojos para ahuyentar el espejismo. De hecho todo pareció alejarse, perderse en el fluctuar de la tormenta, pero enseguida, la visión volvió; un gran perro estaba a mi lado. Después sucedió todo en un momento: removido el hielo que me aprisionaba, excavando con las robustas patas, el animal me aferró con los dientes delicadamente y logró apartarme, pero no del todo. Sin titubeos abandonó la presa e introduciendo la cabeza leonina bajo mis hombros, intentó levantarme. No lográndolo, acercó su cuello a mi brazo para que me aferrase...  Abrazado de esta manera al perro, extenuado pero sostenido por una renacida esperanza me dejé arrastrar. Mi salvador era grandísimo y estaba dotado de un vigor extraordinario, pero, a causa de la nieve alta y al desencadenamiento del huracán, de vez en cuando se tenía que detener. Pero no se quedaba inactivo porque, mientras torbellinos de nieve y de hielo se volvían hacia nosotros con violencia inaudita, se acercaba a mí para calentarme o sedoblaba para darme el reconfortante contenido del barrilito colgado al collar... No mu-cho después, estaba estirado en una cama caliente, en una habitación bien protegida del Hospicio. El viento hacía vibrar las hojas de las ventanas y un rumor insistente me advertía que la tormenta aún estaba en su punto culminante, pero un ladrar cavernoso dominaba el grito de los elementos: era mi salvador que, con sus compañeros, volvía de la expedición."

     Pero el paso no sólo era frecuentado por viajeros honrados, sino tambiénimages (1) por 
bandoleros que efectuaron durante algún tiempo frecuentes 
saqueos al hospicio. Por ello se piensa que los primeros 
mastines pesados del hospicio estuvieran destinados más 
bien a limpiar la montaña de bandidos y animales feroces y 
que sólo en una época posterior fueran empleados para el 
salvamento.
      Cuando los monjes del Gran San Bernardo deciden utilizar perros para su obra de salvamento, experimentan con muchas razas pero, debido a las extraordinarias dotes de fuerza y de resistencia requeridas para un trabajo casi siempre al límite de la supervivencia, su elección final no pudo caer sobre otros que los grandes mastines romanos presentes en todo el territorio helvético y en el valle de Aosta.     
     La talla y la fortaleza (dotes imprescindibles para la función de salvamento) se mantuvieron con la consanguinidad. La selección realizada por los monjes con el fin de mejorar la inteligencia y el olfato del gran mastín modificó anatómicamente el cráneo, que de casi plano, pasó a ser convexo (sobre todo en la zona anterior), característica todavía esencial en la valoración morfológica del perro San Bernardo.  Sin embargo, apartir del año 1.817, los efectos de la consanguinidad comienzan a ser nefastos y para paliarlos los monjes deciden recurrir en primer lugar a los perros del Hospicio de Sempione (totalmente idénticos a los de San Bernardo) y a algunos
molosos pesados que se encontraban aún en familias nobles de los valles. Nunca tuvo lugar el cruce conel alano alemán 014D7VIZ001_1 ni con el mastíninglés, como se lee a veces.  Por el contrario, en 1.830, los cenobitas,  introdujeron el Terranova (esta raza fue seleccionada para el cruce por desempeñar éstos trabajos de salvamento igualmente (aunque en el agua) y parece también que el perro de la montaña de los Pirineos.  Con estos cruces los monjes pensaron en conservar e incluso en incrementar la abnegación y amor hacia el ser humano de sus perros y fundamentalmente obtener un pelo más largo que les protegiese y ayudase a soportar mejor las duras condiciones meteorológicas en las que desarrollaban su trabajo. En las camadas de aquellos cruces aparecieron los primeros San Bernardo de pelo largo.
     El invierno demostró lo equivocado de tal creencia, el pelo largo retenía la nieve que no se fundía con el calor corporal y se helaba formando una dura costra sobre el lomo del perro, dificultando sus movimientos e inutilizándolos para el trabajo de rescate. Al darse cuenta de que el pelo largo no era funcional para los trabajos en la nieve, los monjes sólo conservaron los de pelo corto, regalando los de pelo largo a los campesinos de Martigny. La nueva variedad de pelo largo que surge en estos momentos, será criada en los valles suizos y posteriormente en todo el mundo alcanzando un gran éxito. Actualmente podemos confirmar que al menos el 70% de los San Bernardoexistentes son de pelo largo.
      No podemos cerrar la página del Hospicio sin hacer mención de uno de sus héroes más conocidos y respetados: Barry. Este nombre era sinónimo de oso y a su vez, en aquel tiempo, de perro San Bernardo. Barry nace en la época en que la labor de socorro del perro San Bernardo alcanzó su culminación, alrededor del año 1.802, aunque en algunos libros figura el 1.800 y muere en el 1.814. Se le atribuyen más de cuarenta rescates a lo largo de su vida que dedicó a salir a patrullar en busca de descarriados a los que ofrecer su auxilio, lo que hace de él el perro de salvamento más famoso de cuantos han existido. En su obra titulada "Los Alpes", TsBarry_1chudi habla de Barry con emocionadas palabras: "Su celo era extraordinario y su valor inigualado. No bien se anunciaba una tormenta o aparecía en el cielo un nubarrón precursor de la nieve, se mostraba inquieto, agitado. Nadie era capaz de retenerlo en el convento, y aprovechaba cualquier coyuntura para escapar hacia el exterior con raudo paso. Visitaba entonces todos los lugares peligrosos, salvando leguas de mal camino. En una de estas salidas encontró, en una gruta de hielo, a un niño extraviado y medio muerto de frío, sumido ya en el sueño que precede a la muerte. Barry lo lamió reiteradamente hasta que logró despertarle. Entonces pudo darle a comprender que se subiese sobre su lomo, bien agarrado al cuello y, con esta preciosa carga encima, regresó al convento".
      Tras su muerte su cuerpo fue disecado y como homenaje a su valor se conserva en el Museo de Berna.


       El nacimiento de la cría moderna: Con la aparición de la variedad de pelo largo se impone un tipo de San Bernardo más pesado, de huesos con un radio considerable, de cabeza muy voluminosa. La expansión de este tipo coincide con la expansión por todo el mundo de la raza, especialmente Inglaterra y Estados Unidos, donde los perros de características molosoides más acentuadas son muy apreciados. Aún quedaron algunos partidarios del viejo tipo de raza,que incluso llegaron a establecer un libro genealógico paralelo. En 1.884 se fundó en Suiza el primer Club de San Bernardo formado por criadores, y en ese mismo año se inscribió en el registro de la raza del Club el primer perro. Pronto los perroscriados por los monjes en el Hospicio se vieron desplazados por la cría selectiva encauzada hacia las exposiciones caninas que desde finales del siglo XIX se van extendiendo por toda Europa.
      La edad de oro del San Bernardo se sitúa entre las dos grandes guerras que asolaron Europa en el presente siglo, el período que va de 1.920 a 1.940 vio aparecer los
más grandes criadores de todos los tiempos. En esos años se abandonó la búsqueda 
desenfrenada del gigantismo en el que se daba mayor importancia a la talla y el peso 
que a la tipicidad. Como consecuencia fueron apareciendo perros muy armoniosos, 
bien proporcionados, de poderosa musculatura, sólidos y con buen hueso, perros grandes y típicos y no colosos atípicos. Especialmente lúcida es la visión que de la cría delSan Bernardo en los últimos setenta y cinco años tiene Morsiani, quien resume la 
labor de afianzamiento de la raza así:

     "Desde comienzo de siglo, se produjeron en la Europa continental dos tendencias de cría, la suiza y la alemana. Mientras que la escuela alemana hacía hincapié, sobre todo, en la masividad, la suiza prioritaba la nobleza y la funcionalidad. Pero más allá de la legítima disparidad de gustos e interpretación del estándar, se imponía una visiónzootécnica que superaba las barreras nacionales, con continuos intercambios entre los grandes reproductores de las dos tendencias, lo que llevó a una homogeneidad de fondo y a una continua superación hasta llegar a las cotas de lo que hoy denominamosEdad de Oro (1.920-1.940). En este período se criaron perros extraordinariamente típicos, imponentes y gigantescos, pero al mismo tiempo, elegantes y llenos de nobleza; con cuellos largos de inserción alta, con la cruz sobrepasando la altura de la grupa, antebrazos potentísimos pero largos, construcciones sólidas y con buen movimiento. Se lograron también cabezas excepcionalmente bellas, grandes, armónicas, decincelado anguloso, con stop muy acentuado y constante.
      Desgraciadamente estas cepas de cría, en general, se han perdido. En los últimos tiempos hemos venido a parar a una cinofilia de masas, alterándose de forma notable el tipo de jueces, criadores y por supuesto de cría. La falta de cultura y experiencia zootécnica, unida a concepciones comerciales, en una gran mayoría de los criadores, ha conducido la raza a un estado lamentable. Quizás Alemania sea, en la actualidad, elpaís de Europa continental en que el nivel medio de calidad en la cría sea mayor. Sin embargo, el tipo moderno alemán está lejos de sus predecesores, demasiado pesado, con cabezas de aspecto globoso, cuellos pesados, cortos y de inserción baja, papada demasiado desarrollada, aplomos poco correctos, antebrazos algo cortos y movimiento deficiente. Suiza se ha deslizado, en su línea de cría, al otro extremo, el tipo suizo moderno es de constitución muy ligera, la talla, notablemente menor, las cabezas estrechas, stop poco marcado, trufa poco voluminosa, incluso el tono de ladrido se ha vuelto alto, de barítono, en contraste de aquel ladrido profundo y cavernoso del San Bernardo clásico. Dinamarca es un país que, en pocos años, ha elevado mucho su nivel d e cría, sus ejemplares son, quizás, algo escasos de talla, pero de gran calidad. EEUU lleva su propio camino, potenciando fundamentalmente el movimiento. Sus ejemplares tienden, en general, a formas redondeadas tanto en las cabezas como en loscuerpos. Inglaterra, con un estándar diferente al de la FCI, mantiene una cría con ejemplares de cabezas claramente atípicas de forma y expresión. Por último, algunos criadores italianos, hemos hecho un gran esfuerzo por perpetuar las cepas de cría suizas y alemanas de la edad de oro y hemos conseguido ejemplares de altísima calidad, muy próxima, si no igual, a sus famosos antepasados. Esto viene a demostrar que el trabajo en esta vía no es utópico, es, eso sí, más laboriosos, pero creo que es donde debe estar el futuro de la raza".